Maria Cristina, Cris, como la hemos llamado siempre (Por que así lo manda) ha hecho y ha sido de todo, bien o mal, pero siempre a su aire. Y su aire siempre ha sido envidiable.

Su aire es vitalista y libre, lo salpica todo y todos. Capaz de revolucionar a las monjas irlandesas, como cuando la internaron en Dublín, o capaz de vivir tres años en China, hasta que se cansó (La china no cambiaba. No pudo con ella, empataron su relación)

Ha viajado por todas partes, no habla ni bien ni mal ninguna lengua (Incluido el español y el catalán) pero sabe servirse de muchas. Empieza lo que quiere y acaba lo que le apetece. ¿Quién ha mandado leer los libros desde la pagina uno hasta el final? ¿Por qué no saber el desenlace y luego retomarlo si a una le gusta?

No sabe de leyes pero disfruta y conoce sus derechos. No es socióloga pero escucha, no es científica pero lo comprueba todo, no es sabia pero lo enjuicia todo, no es culta, pero si sabe, muy bien, lo que es cultura, con adoración, y por ahí en medio de todo ese batí burrillo esta la cocina.

¡ Su gran debilidad !

Deja una jornada de caza para preparar cualquier guiso al fuego del campamento. Deja el desembarco para cocinar la pesca en los fogones… Y ahí es donde mezcla especies, cultura, carnes, ciencia, frutas, viajes, pescados y todo lo que vital y libremente quiera.

Su cocina es como ella, es su reflejo. Capaz de usar las conservas, los frescos, los refrescos, los vinos… de todo. Sin límite. O con un solo límite: El sabor, el gusto, la sensación… buscar satisfacción.

Y eso, siempre, a su aire, lo consigue.